MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE: LA CARRERA POR EL 30x30
Convertimos décadas de investigación marina en una herramienta para el cambio global.
En 2022, casi todos los países del planeta se comprometieron a proteger los océanos. El objetivo, conocido en el sector medioambiental como 30x30, consiste en lograr que el 30 % de los océanos del mundo esté protegido de forma efectiva para 2030. Esto implica restringir la pesca, las perforaciones y las actividades recreativas, y dejar grandes zonas del océano sin alterar, ofreciendo así a hábitats y especies la oportunidad de recuperarse.
Para ello, los países han creado Áreas Marinas Protegidas (AMP), que históricamente se han situado a lo largo de las costas. Esto se debe a que las aguas costeras se encuentran claramente delimitadas dentro de las jurisdicciones nacionales y son más fáciles de supervisar que las zonas remotas de alta mar. Además, las zonas costeras suelen ser puntos donde coinciden una gran biodiversidad y un elevado impacto humano. Sin embargo, casi dos tercios del océano se encuentran en aguas internacionales: no pertenece a ningún gobierno, ningún guardacostas lo patrulla y, hasta hace poco, tampoco nadie contaba con poder legal para protegerlo.
Eso ha cambiado este año: en 2026 ha entrado en vigor el Tratado de Alta Mar. Por primera vez, con el acuerdo de los estados miembros de la ONU de gestionarlas colectivamente, el mundo dispone de una vía legal para designar zonas AMP en mar abierto. Así que la cuestión ya no es si está permitida la protección de los océanos. La cuestión es qué zonas proteger.

📸: Maéva Bardy
La Brecha Científica
Este reto, determinar cuáles son las zonas más importantes de alta mar, presenta una doble faceta. En primer lugar, identificar las partes del océano donde la cadena alimentaria es más activa, donde existe una mayor densidad de vida: aquellas en las que más merece la pena proteger el sistema. Se trata de un proceso que requiere criterios científicos distintos de los utilizados para evaluar las zonas costeras. En segundo lugar, en alta mar casi nada permanece inmóvil, lo que convierte el trazado de fronteras fijas de Áreas Marinas Protegidas sobre un mapa en una práctica bastante ineficaz. Una ballena azul puede cruzar una cuenca oceánica en un año. Una tortuga laúd recorre unos diez mil kilómetros entre sus zonas de alimentación y anidación. El atún y los tiburones, las especies emblemáticas del océano abierto, tampoco permanecen en un mismo lugar. El plancton del que se alimentan se desplaza con corrientes que cambian según las estaciones.
Puedes cartografiar un arrecife. Pero, en la mayoría de los casos, no es posible cartografiar el fondo marino profundo: existen grandes extensiones que han sido menos estudiadas que la superficie de Marte. Los animales más relevantes de las aguas oceánicas ya han migrado antes de que puedas registrarlos en un mapa. Entonces, ¿cómo decidir qué merece la pena proteger? Empiezas por aquello que puede indicarte qué está ocurriendo bajo la superficie. Durante más de 20 años, la Fundación Tara Ocean ha estado construyendo el conjunto de datos que quizá contenga la respuesta.

📸: Maéva Bardy
El Caso del Plancton
Tara es una goleta de investigación, un velero de dos mástiles de 36 metros de eslora, que desde 2003 recorre los océanos del mundo tomando muestras de agua marina a su paso. Lo que la convierte en algo único es lo que estudian los científicos a bordo: no los animales que se pueden fotografiar, sino aquello que no se ve. El plancton.
Plancton es un término general que engloba la vida microscópica que flota a la deriva en el agua marina: bacterias, virus, algas unicelulares y animales de apenas un milímetro de longitud. Por separado, no resultan espectaculares. En conjunto, representan más del 70 % de la vida marina, producen una parte importante del oxígeno del planeta e impulsan el ciclo del carbono oceánico al trasladar CO₂ de la atmósfera a las profundidades marinas. Son fundamentales para la vida tal como la conocemos.
También son el indicador biológico más preciso del océano. La composición del plancton en una determinada masa de agua marina revela qué tipo de ecosistema se esconde bajo la superficie: cuán productivo es, el nivel de estrés al que está sometido y qué formas de vida puede albergar. No hace falta ver las ballenas para saber si esas aguas pueden alimentarlas.
Con este conjunto de datos, la Fundación Tara Ocean se suma a un grupo cada vez más amplio de científicos que defienden la creación de áreas protegidas dinámicas: una protección que se desplace con el propio océano, siguiendo corrientes, floraciones y migraciones a medida que se mueven. Una protección que se comporte más como aquello que protege: algo vivo, cambiante y en movimiento.
Esa idea es la que los científicos de Tara están convirtiendo en una herramienta que puedan utilizar los responsables políticos: mapas de alta mar elaborados no a partir de lo visible en la superficie ni en el fondo marino, sino de lo que el plancton revela sobre el sistema en su conjunto. Mapas que se mueven con el propio océano.

📸: Maéva Bardy
El primer mapa del plancton
Nada de esto es teórico. La corriente de Humboldt, esas aguas frías y ricas en nutrientes que ascienden por la costa pacífica de Sudamérica, es uno de los sistemas marinos más productivos del planeta: alimenta a anchoas, sardinas, aves marinas y buena parte de la pesca mundial. Durante su expedición Mission Microbiomes, Tara tomó muestras a lo largo de toda la corriente de Humboldt, desde la Antártida hasta Iquique, en el norte de Chile, y creó el conjunto de datos sobre plancton más detallado de la región. Esos datos ayudan ahora al Gobierno chileno a supervisar mejor sus áreas marinas protegidas.
El objetivo de la Fundación Tara Ocean es presentar el primer mapa de zonas planctónicas clave para proteger los océanos antes de enero de 2027, momento en que se celebrará la primera Conferencia de las Partes en el marco del Tratado de Alta Mar.

📸: Marin LE ROUX
North Sails x Fundación Tara
El apoyo de North Sails Apparel a la Fundación Tara Ocean demuestra nuestro compromiso con el océano todos los días del año. Forma parte de lo que somos. Cada prenda que vendemos y cada historia que contamos están inspiradas en el océano.
La iniciativa 30x30 es el mecanismo para protegerlo, y será en alta mar donde se decida su éxito. Tara está llevando a cabo la investigación que ayudará a determinar qué zonas deben protegerse y que podría ofrecer al océano una protección adaptada a su propio movimiento.
Descubra más sobre la Misión Microbiomas de Tara y apoyar su labor.









